Menudo debut más fantástico que ha tenido la autora Sabaa Tahir con este primer título, de la trilogía conocida como An ember in the ashes. Ya se vaticinaba por las buenas críticas que nos llegaban desde EEUU que íbamos a encontrar una historia diferente entre todo lo que está publicado o conocíamos hasta entonces. A mí personalmente cada vez me cuesta más sorprenderme con un libro o que me aporte algo novedoso, no es de extrañar, con la cantidad de novelas que leemos y el nivel de exigencia que vamos adquiriendo, alcanzar la sorpresa es todo un reto. En el caso de Una llama entre cenizas la sorpresa ha sido mayor, la estela de la exitosa publicación no pasaba desapercibida, pero quise ser precavida y no leer demasiadas cosas sobre ella para no causar expectativas demasiado elevadas y después acabara en una decepción como me ha ocurrido en otras ocasiones, ya os advierto, que no ha sido el caso.
En la antigua Roma los académicos pasaron de ser ávidos y curtidos lectores, para convertirse en esclavos donde la sabiduría les está prohibida, ahora los marciales dominan las tierras, un pueblo que aprendió del arte del metal y que ahora infligen su ley a golpe de látigos y muerte. El nuevo Imperio saquea, encierra y mata a aquellos que enseñen a los niños a leer o vendan libros, tales delitos están fuertemente penados para los académicos, ahora son simples analfabetos que han perdido todo su poder, han dejado de ser un pueblo libre que no se les permite tener propiedades ni asistir al colegio, y los esclavizan por la transgresión más inocente. El imperio no trata con tanta crueldad a nadie más, los tribales están protegidos por un tratado, a los marinos los protegen la geografía y las provisiones con las que comercian, solo tratan como escoria a los académicos.
Laia es una académica que sobrevive con sus abuelos y su hermano Darin, desde que sus padres murieran a manos de la ley marcial. Llevan una vida dura y sobrellevan los días con duro trabajo, hasta que una noche Darin llega con algo entre sus manos que lo cambiará todo, Laia se verá sola tras un ataque imprevisto y deberá huir para ponerse a salvo y así poder pedir ayuda, pero no sabe a quien acudir hasta que da con una improvisada salida, solo aquellos que se oponen al sistema pueden ayudarla. Los rebeldes son su única solución y por eso tendrá que aliarse con ellos a cambio de su ayuda, Laia tendrá que adentrarse en el peligroso Risco Negro en una misión casi suicida donde hay mucho en juego, entre esas cosas, su vida.
Elias lleva años entrenándose en la Academia Militar de Risco Negro, un guerrero que desde niño se ha preparado para ser un máscara, es por eso uno de los soldados más frío y despiadado de los marciales. Pero Elias odia todo lo que es y lo que representa, no obstante, como jefe de pelotón de guardia tiene muchas miradas posadas en él y tiene que ser muy minucioso para no ser descubierto, solo necesita un día más para cumplir con su cometido y alejarse de un lugar donde todo es sangre y violencia. Pero los augures tienen una especie de destino reservado para él, por lo tanto, lo que él desea no importa, cuando se gradúe tendrá que hacer una elección, entre desertar y cumplir con su deber, entre huir de su destino y enfrentarse a él.
-Puede que no tengamos que ser esclava académica y máscara -digo, soltando la daga-. Por esta noche podríamos ser tan solo Laia y Elias.
Envalentonada, le tiro del borde de la máscara, que nunca ha parecido formar parte de él. Se resiste, pero ahora quiero quitársela, quiero ver el rostro del chico del chico que llevamos hablando toda la noche, no del máscara por el que siempre lo había tomado. Así que tiro más fuerte y la máscara me cae en las manos dejando escapar un siseo. La parte de atrás está repleta de afilados pinchos manchados de sangre. El tatuaje de su cuello brilla. marcado por una docena de diminutas heridas.
-Lo siento -le digo-, no sabía...
Me mira a los ojos y algo que indefinido arde en su mirada, una chispa de emoción que me prende un fuego distinto en la piel.
-Me alegro de que la hayas quitado.
Debería apartar la vista. No puedo. Sus ojos no se parecen en nada a los de su madre. Los de ella son de un gris frágil, como de cristales rotos, mientras que los de Elias, con ese marco de pestañas oscuras, son de un tono más intenso, como el corazón de una nube de tormenta. Me atraen, me hipnotizan, se niegan a liberarme. Vacilante, acerco los dedos a su piel. La barba incipiente me roza la palma de la mano.
<<Es un marcial. Un máscara.>>
Pero aquí no. Esta noche no, no en esta habitación. Aquí, ahora, no es más que Elias, y yo no soy más que Laia, y los dos nos ahogamos.
-Laia...
En su voz, en su ojos, hay una súplica. ¿Qué quiere decir? ¿Quiere que retroceda? ¿Quiere que me acerque más?
Me pongo de puntillas y su rostro se inclina a la vez. Tiene los labios suaves, más suaves de lo que me imaginaba, pero detrás de ellos se esconde una profunda desesperación, una necesidad. El beso habla por si solo. Suplica:<< Permíteme olvidar, olvidar, olvidar>>.
Una llama entre cenizas está narrada a dos voces, donde los capítulos se van alternando entre la perspectiva de Laia y Elias, la novela está dividida en tres partes y en ellas iremos viendo las diferentes caras de esta historia, donde su autora nos muestra el lado más infortunado y necesitado, y el opuesto, que imprime poder y opulencia. Un inicio de trilogía arrollador y fascinante, donde no existen los intervalos, no hay pausa y el ritmo es demoledor, una historia cuidada, detalla, donde de forma inteligente se suceden escenas con una crudeza que llega a encoger y todo, desarrollado con una ambientación que engrandece esta historia y la hace sublime. La historia que ha creado Sabaa Tahir la catapulta y la hace destacable entre las demás, porque Una llama entre cenizas, es única y con carácter, donde nos muestra la opresión y el miedo de un pueblo, y a la vez la esperanza por la humanidad. También se deja entrever un romance, pero de un modo muy sutil y en un segundo plano que no ensombrece en absoluto la grandeza de esta historia, aquí lo que prima son otros factores, aunque ese toque romántico le aporta un roce de sensibilidad que enriquece más si cabe la novela. Una llama entre cenizas juega con unos factores que la hacen irrepetible, con un ritmo adictivo y eléctrico, donde los personajes tienen una solidez pasmosa y arrolladora, y donde el entorno que nos describe su autora es imperioso y fascinante a la vez, una historia que hará que te falte el oxígeno por momentos por toda la acción que habita entre sus páginas.
El campo de batalla es mi templo.
La punta de la espada es mi sacerdote.
El baile de la muerte es mi plegaria.
El golpe de gracia es mi liberación.