25 nov. 2014

Escena inédita no incluida en la novela de Un beso al alba



Datos del libro
Editorial: EdicionesB (Vergara)
Género: R. Histórica
26 de Noviembre
Una preciosa historia de amor entre Nueva York e Irlanda a principios del siglo XX. En la dura y febril Nueva York de principios del siglo XX, Bradshaw Verlen ha logrado convertirse en un importante ingeniero e inversor. Los que le han visto crecer en el barrio pobre del que proviene, lo temen y envidian, y la clase social en la que ha irrumpido reniega de él. Pero a Bradshaw todo eso lo tiene sin cuidado, porque sus inventos para mejorar la productividad y seguridad de las fábricas lo están haciendo rico. Le basta con eso… hasta que un día tropieza con una joven irlandesa por la calle y empieza a desear algo más. Sin embargo, la vida de Kate, al igual que los planos de Bradshaw, tiene líneas y trazos enrevesados, y ella sencillamente no puede enamorarse de un desconocido. Anna Casanovas es la autora de Doce años y un instante, entre otras novelas, y una de las escritoras españolas más populares del género.

nota de anna casanovas
Un beso al alba es la historia de amor entre un hombre convencido de que el destino tarde o temprano le arrebatará todo lo que ha conseguido y una mujer dispuesta a renunciar a sí misma, a su corazón, para proteger su legado. Es la historia de un hombre y de una mujer que se enamoran perdidamente el uno del otro sin saber quienes son y que cuando lo descubren están a punto de perderse para siempre. Es la historia de un amor apasionado, sin limites, a veces sin lógica, pero siempre de verdad. 
Esta escena es un regalo que Elena, muy generosamente, me permite compartir contigo en el delicioso blog “La Estación de las Letras”. Esta escena no aparece en la novela, es un día, uno de los diez días que Bradshaw y Kate viven juntos cuando él insiste en no besarla y ella en buscar la manera de que la escuche (cuando leas la novela, lo situarás a la perfección). 


escena inédita

<<Kate se despertó sola en la cama. Era el quinto día que le sucedía, ya no debería encogérsele el corazón pero se llevó una mano al pecho y lo protegió con cuidado. No sirvió de nada. El dolor seguía allí aunque notó un ligero cambio; era menos agudo, más débil, iba desapareciendo. Bradshaw había pasado la noche con ella, había sido así desde que él regresó de aquel viaje que había realizado repentinamente a de una de sus fábricas. 
Kate seguía sin saber demasiado sobre ese aspecto de la vida de él, Bradshaw persistía en ocultárselo, pero el respeto con el que Carson y el resto de empleados de la mansión lo trataban le demostraba que era un buen hombre. No solo eso, Darius Postgate también lo admiraba y ella misma había conseguido leer algún que otro artículo en el periódico de Nueva York donde se proclama a Bradshaw Verlen como a un genio, como el “inventor del alma de Nueva York”. 
Alma, Katherine, después de descubrir parte de la verdad sobre Bradshaw había dudado que él la tuviese. Esas últimas cuatro noches le estaban demostrando lo contrario. 
A pesar de esas noches, de esas caricias, Katherine odiaba que él se negase a besarla. Lo odiaba con todas sus fuerzas porque la hacía sentirse vacía, falsa, una estafadora. <<Ibas a serlo, ibas a mentir sobre tus sentimientos>>, le recordó la voz de su conciencia. Lo habría hecho por una buena causa, una causa incluso noble. Sin embargo, nada podía refutar que había estado a punto de traicionarse a sí misma. Al final, ni siquiera había sido su valor o su valentía lo que la había impulsado a actuar esa noche en casa de los Postgate. No, la noche que besó a Bradshaw sencillamente lo había besado porque no podía soportar la idea de no hacerlo. 
Igual que tampoco podía soportarlo ahora mismo. 
Salió de la cama con un suspiro y fue a vestirse. De nada le servía recrearse en el pasado, la vida le había demostrado que era absolutamente imposible volver atrás. La única opción era seguir adelante, luchar por lo que quería, por lo que necesitaba más que su próximo aliento. Lo había hecho para proteger sus caballos y a partir de ese instante, no, se corrigió, a partir de esa primera noche, lo estaba haciendo por Bradshaw. Decidida, se vistió con un sencillo vestido color burdeos y bajó a desayunar. Se le erizó la piel por la escalera al encontrar allí el rastro del perfume de Bradshaw. 
Se había afeitado.
Katherine se detuvo frente la puerta del comedor y cogió aire, cerró los dedos alrededor del picaporte y se dijo que si él no estaba sentado en la mesa ocultaría su decepción y desayunaría tranquila. Después, haría planes para el resto del día y por la noche intentaría -otra vez- hablar con él. Abrió y dio un paso hacia delante absorta en sus pensamientos. Su imaginación estaba intentando adivinar qué sucedería cuando llegase el momento de irse a la cama, se sonrojó al imaginárselo, qué querría Bradshaw, cómo iba a...
-¿Te encuentras bien? –le preguntó él sentado frente a un café y el periódico-, pareces acalorada. 
Kate carraspeó, el corazón se le había detenido un segundo al descubrirlo a él en el comedor, estaba desayunando y aún tenía el pelo mojado. Esa mañana se había despertado más tarde, a esas horas Bradshaw ya solía estar ausente o a punto de abandonar la casa. Kate notó una ligera presión en el pecho al creer que era ella, y no otro, el motivo de ese cambio de rutina. Tal vez, solo tal vez, a Bradshaw le había costado abandonar la cama y alejarse de sus brazos. 
-Estoy bien –le contestó al fin-. Este vestido abriga un poco.
Bradshaw bajó la mirada por el escote y la apartó de repente. Él también parecía estar acalorado. 
-Esta mañana tengo que ocuparme de unos asuntos cerca del puerto. He estado postergándolo y ya no puedo seguir haciéndolo. 
-Oh, de acuerdo. –Katherine dedujo que eso significaba que no iba a volver hasta la noche y que a diferencia de los cuatro días anteriores no iba a poder pasar con él ni un momento. Los días anteriores, Bradshaw la había acompañado a una librería y le había enseñado distintas calles de la ciudad. Intentó contener la tristeza y buscar el lado positivo, era la primera vez que Bradshaw le hablaba de sus negocios, o al menos fue lo que dedujo, ¿por qué si no iba a ir al puerto? 
-Puedo volver a casa las doce y media y podríamos ir a almorzar al barrio irlandés. 
La proposición sorprendió tanto a Katherine que al dejar la taza en la mesa salpicó el mantel de lo mucho que le temblaban los dedos. El barrio irlandés no era un lugar cualquiera, habían ido allí días después de conocerse. Los ojos le escocieron y abrió los párpados al máximo para contener las lágrimas. Bradshaw malinterpretó su silencio y siguió hablando.
-Si tienes otros planes, no importa. Puedo comer solo perfectamente…
-¡No! –lo interrumpió de inmediato y colocó una mano encima de la que él tenía en la mesa al lado del periódico-. No, no tengo otros planes. Me encantará comer contigo. 
Kate notó el calor que desprendía la mano de Bradshaw, era tan intenso que se coló por los poros de su piel y la hizo sonrojarse. No se apartó, por nada del mundo iba a hacerlo. Fue él el que deslizó la mano por el mantel hasta alejarla de la de ella. Brashaw disimuló, fingió que la necesitaba para sujetar la taza y beber un poco más de café, pero Katherine vio que le temblaba y se conformó con eso. 
-De acuerdo entonces. Estaré en casa a las doce y media, ¿crees que estarás lista?
-Estaré lista. –Quiso contener una sonrisa y no pudo, nunca antes había oído a Bradshaw referirse a esa mansión como a su hogar. 
Él se bebió el café y dobló el periódico con movimientos adustos antes de levantarse de la mesa. Dejó la servilleta encima del mantel sin ningún cuidado y apartó decidido la silla. Iba a irse sin despedirse, así que Katherine decidió concentrarse al máximo en untar la tostada que tenía delante para que él no viese su decepción. 
Había hecho un gran avance esa mañana, se recordó mientras observaba como la mantequilla se deslizaba sobre la hogaza de pan. 
-Estás muy guapa, Katherine –susurró Bradshaw de repente. Lo dijo tan bajo que Katherine creyó habérselo imaginado. El cuchillo se detuvo en el aire y ella giró el rostro despacio hacia la puerta donde él se había detenido-. Que tengas buen día, acuérdate de nuestra cita. 
-Claro, me acordaré. –Kate se humedeció el labio y Bradshaw siguió el movimiento con los ojos-. Tú también. 
Bradshaw le sonrió, en aquel instante a Katherine le habría gustado llamarlo Shaw pero se mordió la lengua y observó fascinada la sonrisa de él y el movimiento de ceja que la acompañó.
-Yo no voy a olvidarme –señaló Bradshaw con cierta burla.
-Lo sé. –Estaba flirteando con ella. Katherine dejó el cuchillo en el plato y centró toda su atención en ese hombre tan complejo y que tanto la afectaba. El corazón le latía tan rápido que estaba a punto de escapársele por la garganta-. No me refería a eso.
La ceja negra de Bradshaw se levantó un poco más y se le marcó un hoyuelo. Seguía de pie en el mismo lugar que antes, no había dado ni un solo paso hacia el pasillo. Quizá él no lo supiera, pero estaba disfrutando de aquel momento. 
-Quería decir –siguió Katherine- que tú también estás muy guapo. 
La mirada de él se oscureció y con la mano empujó la puerta, que hasta entonces había estado entreabierta, y la cerró. Esperó unos segundos, los ojos le brillaron y le tembló un músculo en la mandíbula. Se le marcó la cicatriz. Parecía estar furioso consigo mismo y Katherine se maldijo por haberse precipitado. Pero una parte de ella no quería arrepentirse de haberle hecho sonreír. Ella quería estar así con Bradshaw, ellos dos no se merecían esa farsa y no iba a sentirse culpable por luchar por su amor. Tragó saliva y esperó. Iba a darse media vuelta, decidió resignada, bebería un poco de café y fingiría que no había sucedido nada, que no habían estado hablando como si estuviesen enamorados, como si la noche anterior hubiesen estado desnudos entregándose el uno al otro. Sería lo mejor. 
Él se lo impidió, Bradshaw caminó decidido hacia ella. No se detuvo hasta quedar pegado al respaldo de la silla que ocupaba Katherine. La miró, esos ojos negros llenos de secretos la retuvieron. Bradshaw alargó un brazo y Katherine, aunque sintió la necesidad ocultarle la mirada -y las emociones allí reflejadas- la mantuvo fija en la de él. Si iba a tocarla, si iba a besarla, no quería perderse ningún detalle. No quería pasar por alto ninguna de las reacciones de Bradshaw. La manga de la americana rozó el antebrazo de Katherine y después el pulgar pasó cerca del índice de ella. A los dos se les erizó la piel. 
Contuvieron la respiración. 
Bradshaw retiró el brazo muy despacio con el periódico en la mano, pero su torso siguió pegado al respaldo de la silla a escasos milímetros de Katherine. Seguían mirándose, fingiendo que no necesitaban tocarse. Ni besarse. Ni sentir al otro en su piel. 
-Necesito una dirección que aparece aquí –se inventó él levantando el periódico.
-Claro –susurró Katherine sin aliento.
-Volveré a las doce. 
Bradshaw entonces se apartó, fue como si tuviese que obligar a sus piernas a moverse. Esta vez no se detuvo en la puerta, la abrió y abandonó el comedor a grandes zancadas. Segundos más tarde, Katherine oyó que se abría y cerraba la entrada de la mansión y volvió a respirar. 
-Aquí estaré, esperándote. No voy a rendirme, Shaw –susurró antes de secarse una lágrima y girarse hacia el desayuno que, ahora frío, la estaba aguardando.
Bradshaw no la oyó, si la hubiese oído no habría sido capaz de irse. Él no sabía si podía confiar en Katherine, no sabía si podía confiar en sí mismo, solo sabía que su corazón, el resto de su cuerpo y su alma la necesitaban. Pero los hombres como él nunca consiguen lo que sus almas necesitan, él lo sabía, la vida se lo había demostrado. 
Haría bien en recordarlo. 
Caminó furioso por las calles hasta llegar al muelle de Nueva York. Si fuera listo no iría a almorzar con Kate, cada vez le resultaba más difícil resistirse a ella. Si seguía así, tarde o temprano volvería a besarla y ella volvería a tener ventaja. Entró en las oficinas de la naviera (evidentemente no le hacía falta el periódico para conocer la dirección) y fue recibido de inmediato por el propietario. Mientras discutía con él los tratos del acuerdo, supo sin lugar a duda que iría a almorzar con Katherine.
Quería volver a verla, incluso ahora se sentía tentado de hacer callar a ese charlatán para poner punto y final a esa reunión y volver a su lado, cogerla en brazos, llevarla a su dormitorio y quitarle ese vestido (con los dientes, si fuese necesario). No lo hizo, su imaginación le torturó con esas imágenes pero aguantó hasta las doce y decidió que tal demostración de autocontrol se merecía un premio: almorzar con Katherine en el barrio irlandés.
 Igual que aquel día semanas atrás, cuando se conocieron y él solo era Shaw y ella solo Kate.>>

Agradecimientos a Anna Casanovas.

15 comentarios :

  1. Qué ganas de poder leer la obra entera. Suerte que mañana ya la tenemos disponible.

    Gracias por compartir este relato inédito.

    Besos

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  2. Esto es un escenote y lo demás tonterías jajajajja deseando estoy de leer esta novela a ver que nos depara!
    Genial ese fan tan nacaton!
    Besos ratonina mía

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  3. Apunta genial!!
    La escena está muy bien, espero poder ubicar el momento dentro de la novela.

    Gracias nacatona ;)

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  4. Hola! Mañana pienso sumergirme en sus historias, increíble el FanArt es una pasada! Mañana nos iremos al S. XX besitos <3

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  5. Es tremendo...y ubico este pasaje perfectamente, ya que he tenido la gran suerte de haber podido disfrutar de este libro ya ! Es súper romántico y la relación entre ambos es tan bonita...eso sí, son unos cabezones de cuidado, jajaja !!

    Besos !

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  6. Qué ganas de leerlo!!! Y más aún con esa pedazo escena.
    Menos mal que mañana lo tendremos ya.
    Un beso!!!

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  7. Ohhh miel en los labios no se vale!!
    bss guapa

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  8. Hola guapa,
    Paso de puntillas por la escena, pues es mi actual lectura y no quiero desvelarme nada que me esta encantando.
    Gracias por la entrada.
    Un beso

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  9. Que gran escena!! que buena pinta. Con muchas ganas de leerlo!! gracias por la escena y en fan es precioso <3

    Besos nacatona :*

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  10. Que pinta mas buena tiene y que ganas de mas!

    Besitos!

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  11. Que pinta mas buena tiene y que ganas de mas!

    Besitos!

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  12. Hola guapísima :)
    ¡Qué ganas de leer este nuevo libro! En cuanto pueda me hará de él. ;)
    Besos.

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  13. ¡Holaa! :) Me encantaría leerlo, tiene muy buena pinta! Desde hace tiempo quiero leer algo de la autora, así que espero hacerme pronto con él. Gracias por la escena!!
    Un besito.

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